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lunes, 14 de noviembre de 2011

Unidad de Adolescentes!!

      


La extracción de la piedra de la locura. P. Brueghel
      Estaba en el lugar correcto y en el momento oportuno. Se decidió crear la unidad de Adolescentes y pude formar parte de ella.

               Componíamos el equipo multidisciplinar; un Psiquiatra, una Psicóloga, siete Auxiliares de enfermería (un en cada turno de mañana, tarde y noche), una Trabajadora Social y una Enfermera. 
         Colaboraba con nosotros una maestra voluntaria, que acudía una vez por semana para ayudar a quien estudiaba e instruir y educar un poco a quien se dejaba (admirable la paciencia de esta joven entusiasta y entregada). También acudían voluntarios que nos acompañaban en las salidas en grupo a la piscina, al cine, de merienda, de paseo y que hacían posible que pudiéramos organizar actividades atractivas y entretenidas para los chavales.

       Al principio fueron pocos pacientes. Pero enseguida crecieron las solicitudes, ya que había muy poca oferta para este grupo de edad. No se podía admitir a todos. Había un límite. El criterio se establecía, no solo dependiendo de la situación en que se encontrara el solicitante, también había que valorar qué pacientes había ya ingresados, patologías, estado, posibles riesgos. Nunca llegamos a completar el aforo. Conocíamos experiencias en otros hospitales, donde estas unidades tuvieron que cerrar porque los pacientes hacían bandas, se enfrentaban unos a otros, introducían armas y cometían actos de vandalismo. Sabíamos de un caso muy cercano en el que las peleas, las agresiones, las denuncias y los destrozos eran diarios. Y donde se produjo un incendio (intencionado) que unido a los múltiples destrozos contínuos en el mobiliario obligaron al hospital a reconvertir el pabellón en una unidad de crónicos. Aquello no era rentable. Sin embargo, se comenzó la andadura con ilusión y esperanza.


      No fue una unidad fácil. Requería mucho trabajo, sobre todo mental y de mano izquierda. Había que controlar sin parecer un carcelero (en ocasiones tuvimos que hacer registros para evitar que algunos pacientes introdujeran armas o drogas) y debíamos ser amables sin dejar de ser respetados. No podías ser su amigo, puesto que debían seguir tu criterio, pero se les escuchaba mucho y nos manteníamos muy cercanos a ellos. Era importante detectar a tiempo riesgos de intento de autolisis, abandonos de tratamiento, delirios etc


      Les teníamos sometidos a la mayor disciplina posible, lo cual, dadas algunas patologías y la edad de los pacientes, era una tarea titánica, si no imposible. Saltarse las normas y burlar los controles era su deporte favorito.


      Se trataba de cumplir horarios, normas, dentro de un clima de familia y solidaridad plagado de oportunidades para hablar, para hacer terapia, resolver conflictos... Se elaboraban contratos escritos, se firmaban acuerdos de compromiso, se ponían castigos, se levantaban.... El caso era tenerles ocupados. Si las actividades eran físicas, mejor que mejor. Y todavía más ventajosas si eran juegos por equipos.


      Pero era agotador convencerlos de la necesidad de cumplir normas, obligaciones, horarios, resolver las cosas sin llegar a las manos, disminuir la agresividad, hacer frente a la frustración, la apatía e incluso la tristeza. Había que educar, puesto que estaban en edad y en la necesidad de ser educados sin olvidar su condición de pacientes.Y también había que lidiar con las familias. Prepararlas para volver a acoger al adolescente cuando su proceso mejorara. Enseñarles a cuidar y a cuidarse.


      Hubo muchos chicos y chicas. Con patologías muy dispares. Algunos con diagnósticos médicos poco claros o mezclados; retrasos mentales, psicosis, psicopatías, histerias, trastornos de personalidad, déficits de atención... Aún más dispares diagnósticos de enfermería. Y planes de cuidados individualizados que se modificaban a diario. 


      En la mayor parte de los casos traían detrás una historia social triste, familias desestructuradas, con pocos recursos, con enfermedades mentales , o carentes de capacidad o habilidad para asumir la enfermedad mental de uno de sus miembros. Así que los permisos de fin de semana también eran una odisea, porque desaprendían en un momento lo que tanto nos había costado inculcarles. En muchos casos volvían tras abandonar el tratamiento o por haber sido pillados "in fraganti" delinquiendo.


      Fue una experiencia única. Muy gratificante, a pesar de que el pronóstico de los pacientes no era la curación sino la cronificación y el objetivo de la terapia; devolverles a la sociedad en la mejor condición posible para ser aceptados y poder valerse por sí mismos.

      Para ello tuvimos que aceptarles nosotros primero y hacerles sentir aceptados. Hubo mucha emotividad, muchos recuerdos muy cerquita del corazón. A alguno le adoptamos y me atrevo a decir que ellos también nos adoptaron a nosotros. 

     No fue una experiencia muy común. Por eso quise compartirla.





2 comentarios:

Esther dijo...

Qué de cosas estoy aprendiendo...

Una pregunta, me da la sensación que incluíais en la Terapia a Adolescentes con problemas Psiquiátricos pero que eran conflictivos, ¿no?
Es decir, la Unidad de Adolescentes no era para pacientes psiquiátricos adolescentes que no mostraban tendencias agresivas. ¿Me equivoco?
Es curiosidad, por lo que cuentas parece que eran pacientes conflictivos, y no por el hecho de padecer una enfermedad psiquiátrica tiene que ser así.

Saludos

Sonia dijo...

Hola Esther:
Muchas gracias por tu aportación.
La verdad es que no pretendí dar la impresión de que "por norma" eran conflictivos. Uno de los requisitos para poder ingresar era que no lo fueran, así como que no tuvieran hábitos tóxicos (adicciones a drogas duras).
No obstante, la falta de control de las emociones como la agresividad era uno de los riesgos, bien por la edad de los pacientes, bien porque en muchos casos llevaban ya años en un hogar en el que las medidas de control y contención habían fallado.
Pero hubo más pacientes "orgánicos" como retrasos mentales, psicosis, esquizofrenias... Otro de los problemas más acuciantes eran las autoagresividades, intentos autolíticos o autolesivos. De alguna manera herirse y/o herir a los demás era la llamada de atención que más les funcionaba. También debo reconocer que era la que más nos preocupaba a los sanitarios, tanto por la seguridad del propio paciente como por la de sus compañeros.
Espero haber aclarado tu pregunta. Gracias por molestarte en leer y opinar, algo que valoro mucho.
Un abrazo

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