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jueves, 2 de febrero de 2012

Accidente in itinere

      Océano es enfermera quirúrgica. Lo es desde que empezó a trabajar. Tiene dos hijos pequeños y un marido al que adora, aunque apenas le ve porque su trabajo le mantiene apartado de casa demasiado tiempo. Vive bastante cerca del hospital. No le merece la pena coger el autobús, va andando porque así hace un poco de ejercicio y siempre hay alguien con quien coincide en el trayecto.

      Hoy, emprende el camino de vuelta con dos compañeras. Van muy enfrascadas en una amena conversación sobre recetas. Caminan relajadamente por la acera. Entre ellas y la carretera hay un espacio de aparcamiento en línea que por las mañanas está lleno pero que a estas horas va quedándose vacío.

   
          En unos segundos, apenas se dieron cuenta de lo que ocurría, un turismo invadió la zona de aparcamiento. No iba muy rápido, quizá por eso no se alarmaron. Se subió a la acera y arrolló a Océano. Se la llevó enganchada en el capó unos metros. Luego salió despedida otros tantos y quedó tendida en la acera inconsciente. Sus compañeras asistieron impotentes y atónitas al suceso.


Estaban a muy poca distancia del hospital. Apenas 50 metros. Rápidamente, alguien dio la alarma. El conductor se acercó consternado, las compañeras abatidas y nerviosas. Llegó la ambulancia. Océano recuperó el conocimiento. Fue trasladada de nuevo al hospital, de donde había salido de trabajar por su propio pie hacía escasos minutos. Fractura de meseta tibial. Una intervención quirúrgica. Un messin poder doblar la rodilla. Tres meses sin apoyar la pierna y un tiempo añadido de aprender a caminar y recuperar la masa muscular que perderá. Sumemos dolor, malestar, invalidez... Más todas las actividades que Océano realizaba, que han quedado pospuestas. Hijos, casa, todo debe ser reorganizado. Recurrir a familiares, amigos, quizá pagar por alguna ayuda doméstica que va a necesitar.

      Fui a visitar a Océano porque es y ha sido mi compañera mucho tiempo y le tengo mucho aprecio. Cuando le preguntas ella solo repite un detalle que no puede olvidar. ¿Sabes Sonia? El conductor del turismo que me arrolló vino a verme y me dijo que la culpa de todo la tuvo un camión que en ese momento venía de frente y le asustó y que no debo quejarme porque he tenido suerte  y lo que me pasa no es nada. Ni "lo siento", ni "perdona", ni "no fue mi intención".

      Tanto nos cuesta decir una palabra amable, una de aliento, un "lo siento", un "perdón". ¿Dónde fueron a parar esas palabras? ¿Ya no están en nuestro vocabulario? Qué poco conscientes somos del efecto que puede producir decirlas... o no.

   

2 comentarios:

Anónimo dijo...

En esta vida hay muchas cosas que se nos escapan sin darnos cuenta,no nos damos cuenta hasta que lo perdemos,saber decir "te quiero" en el momento adecuado,"perdón" de corazón, y abrazar y besar sin temor a que no sea el momento.Hay cosas en esta vida que son importantes,no dejemos que se escapen.Escribes como los angeles y eres muy inteligente.... siempre "despeinate"

Esther dijo...

Excepcional entrada, Sonia, como siempre.
La vida te cambia en un segundo, no dejemos las cosas por decir, sobre todo las importantes como te quiero, perdona o ayúdame.

Un beso

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