ShareThis

viernes, 15 de agosto de 2014

Cuidar sin odiar, a veces tan difícil

http://recursostic.educacion.es/bancoimagenes/web/
Ilustración
Margarita Irene Marín


Ha ingresado un nuevo paciente en el módulo de custodia. Viendo quién le va a llevar, uno ya presupone la patología y algunos datos que conviene saber: Sida, hepatitis… Aún así, entro a saludar y hacer una primera valoración con la mejor disposición y prejuicio cero. El paciente me recibe con actitud soberbia. Me insulta nada más entrar (a mi y a todo pariente que presupone relacionado conmigo). Se queja por todo y por todos. Intento no juzgar y adopto una postura lo más profesional posible.

  .- Buenos días Charly. Soy Meli, tu enfermera hoy por la mañana. Te traigo un pijama y una toalla. Quisiera hacerte unas preguntas para una primera valoración, si no tienes inconveniente.
  .- Y tú a qué ostias vienes? Vaya puta mierda hospital, ni una puta tele, no sé para qué ostias me traen a esta mierda centro. ¿Qué dices que eres? ¿Mi qué? Lo que yo te diga, vas a hacer por mi…¿por qué no me la chupas?
Así estamos unos minutos, en los que mantengo el tipo con un valor que no tengo y le pido educadamente que me tenga un respeto porque no tengo más intención que la de cumplir con mi trabajo, que de ninguna manera será ir en contra de su salud o bienestar.

En los breves minutos que dura la entrevista, no me da un solo dato que no sea rabia, ira, agresividad, falta de colaboración. Sin embargo, obtengo otros muchos de la simple observación. Casi no se tiene en pie. Está débil y en mal estado general. Delgadez extrema, palidez generalizada, deshidratado. Es difícil concentrarse en la labor profesional cuando te agreden verbalmente con tanta rabia. Es difícil perdonar e intentar comprender al otro, cuando te maltrata sin haber existido provocación.

Cuando salgo de la habitación, los guardias me cuentan que tiene varias condenas por asesinato. Trato de no escucharles, porque no quiero cargar más las tintas en contra de alguien que va a ser mi paciente. Pero es difícil. En las largas jornadas que voy a tener que atenderle, será difícil hacer oídos sordos a sórdidas historias que indican que se trata de una mala persona.
Desde entonces… Cada vez que hemos colocado una vía venosa, (con enorme dificultad, por su adicción a las drogas vía parenteral), Charly se la ha arrancado. La mayor parte de las veces, delante de nosotras, justo antes de administrarle un medicamento, mientras sonreía sabiendo que nos sería casi imposible volver a canalizar otra vía. Se arranca la sonda, destroza todo lo que pilla y sus fuerzas le permiten.
Pero cuando le visita su médico, Charly cambia. Es más educado, aunque no aparca esa fiera soberbia y ese odio por el mundo. Niega todo lo que nosotras contamos. Se muestra más sumiso y obediente. Se queja de que le odiamos y le abandonamos a su suerte durante todo el día.
Insistimos con su médico que necesita ayuda psiquiátrica. Le contamos las incidencias, lo difícil que es atenderle… pero...

Hoy estoy cansada de sus reproches, sus insultos, sus juegos de provocación. Ha vuelto a arrancarse la vía, que tanto me costó canalizarle en un pie. Lo ha hecho delante de mí, provocándome y no he podido resistirme.
  .- Pero, ¿A ti qué coño te pasa? ¿Qué te hemos hecho? ¿Estás cabreado con el mundo y tienes que pagarlo con nosotras? ¿Pero no vés que te mueres y queremos ayudarte? ¿Por qué te empeñas en morirte dejando que te odien todos los que te conozcan?
  .- Anda y vete a la mierda, zorra!

Esa noche, hizo sus necesidades en la cama. Luego se dedicó a extenderlas por toda la habitación. Cuando llegué por la mañana, las compañeras me dijeron que se negaba a lavarse y que no les había dejado limpiar nada. Entrar por la mañana, fue una horrorosa aventura. Presa de las arcadas, hice caso omiso a sus quejas y a su negativa a ducharse. Le lavamos por la fuerza y recogimos toda la habitación. Desde ese momento, su estado fue empeorando muy rápido. Aún así,  continuó dirigiendo su ira y su agresividad contra nosotros.

Hoy ha fallecido. En todo momento he tratado de comportarme con profesionalidad. Tengo la conciencia tranquila en cuanto a eso. No quiero alegrarme de habernos librado de semejante persona, pero no puedo evitar sentirme aliviada.



6 comentarios:

Lia Da dijo...

Me encanta tu forma de relatar, me has puesto la piel de gallina. Trasmites profesionalidad en cada palabra.Me enorgullece saber que hay compañeras como tú!Nos leemos:)

Sonia Palencia dijo...

Muchas gracias por tus palabras, por leerme y por dejar tu comentario. Efectivamente. Nos leemos y seguimos compartiendo. Genial tu blog enfermerasalsera.blogspot.com
Un abrazo

Anónimo dijo...

Uffff, pedazo de "entrada"
Más que profesional, eres una grandisima Persona Humana
Gracias a ti y a muchas como tú que nos haceis la vida mucho mas llevadera en momentos tan, tan dificiles

Lola Montalvo dijo...

Este es un caso extremo que no deja lugar a dudas. Violento, desagradable y sin posibilidad de dudas.
Pero lo cierto es que todos nuestros pacientes no tienen por qué gustarnos... ni nosotros gustarles a ellos. Somos personas que debemos trabajar juntas por y para el paciente, para su salud o para cuidar su situación de enfermedad. A veces hay situaciones que impide que conectemos, lo que puede hacer complicada la relación paciente-enfermero.

Reconozco que muchas veces he tenido pacientes que me han caído muy mal... o poco bien. Unos con motivos más que suficientes; pero otras sin motivo alguno. Muchas veces ellos no han sabido o yo no he podido conectar con esos pacientes o simplemnete me han tratado mal y me han resultado desde entonces desagradables. Cuando un paciente te insulta o te agrede físicamente poco que queda ya que dudar. Pero tú tienes que seguir trabajando con él todos los días. Ahí es donde se pone a prueba el caracter del profesional, su aplomo y su saber estar.

La cuestión radica en que cuando esto sucede, es decir, cuando paciente y profesional no conectan y no hay feeling, la enfermera sepa hacer su trabajo sin que esto suponga un límite. Se debe tratar con igual profesionalidad al que te cae bien y al que no; al que caemos bien y al que caemos mal. La diferencia está en el gusto con que se hacen las cosas. En ser correctos, educados, amables y profesionales. Si sonríes más o menos eso ya no se puede controlar. Ante todo, profesionales, como en la historia que tan bien has relatado.

Interesante y complicado tema, sin duda alguna. Lo cierto es que los años te dan mcuhas herramientas para solventar estas desagradables situaciones.
Besos miles

Sonia Palencia dijo...

Muchísimas gracias por tus amables palabras. Se intenta. Creo que todos lo procuramos cada día.
Un abrazo

Anónimo dijo...

Felicidades. Historias como esta deberían servir para ilustrar realidades y caminos de comportamiento a los estudiantes de enfermería. Gracias.

Ponte en contacto conmigo aquí!

Nombre

Correo electrónico *

Mensaje *

Suscribirse ahora Feed Icon