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martes, 7 de febrero de 2017

Yo organizo, vosotras obedecéis

     
Derechos: Pixabay.com
Hace muchos años que trabajo en una unidad de cuidados críticos. Si bien al principio me costó adaptarme al ritmo desigual de trabajo, a los sustos, las tensiones... con el tiempo se convirtió en un lugar en el que me sentía muy cómoda.
     Un día se nos propuso la creación de la Consulta propia de Enfermería. Recibimos formación específica, visitamos otros hospitales donde ya tenían experiencia, leímos sobre ello, recopilamos datos, hicimos una memoria... trabajamos con ahínco en un proyecto que nos gustaba, nos motivaba y en el que creímos desde el primer momento. ¡Éramos profesionales llenos de ilusión y ganas!
     
        Inicialmente, todo era colaboración y apoyo de la Dirección de Enfermería, del Gerente del Hospital y de los especialistas. Así, se consiguió que funcionara.

     Ahora no sólo hacíamos de administrativos acompañando al facultativo en consulta o administrando tratamientos. Abríamos historias, pasábamos encuestas, seguíamos al paciente citándole en nuestra consulta o por teléfono, solucionábamos sus dudas, respondíamos a sus preocupaciones, dábamos la alarma cuando se desajustaba un tratamiento, enseñábamos al paciente y/o a su familia a enfrentarse a su plan terapéutico, a su vida, éramos su referente y su apoyo constante.
      Supuso un alivio para la consulta del especialista, ya que nos encargábamos del día a día del paciente, sugeríamos cambios, teníamos iniciativas e iniciamos estudios.

    Sin embargo, un día las cosas se torcieron....

   Cambió el Jefe de Servicio. Notamos que nos miraba con recelo, que no confiaba ni conocía el trabajo de enfermería. No había feeling y por más que nos esforzáramos en demostrar lo útil que era nuestro trabajo, no le convenció.
      .- Empezaron los rumores y las dudas. El propio Jefe nos hacía comentarios del tipo "las enfermeras os metéis en vuestra consulta y no hacéis nada, nos dejáis solos, no ayudáis, no pasáis pacientes ni preparáis historias, os aprovecháis para escaquearos del trabajo".
      .- Siguieron las dificultades para asistir a cursos y jornadas. Se nos ocurrió solicitar la asistencia a un Congreso de Enfermería relacionado con nuestra especialidad. Pensamos presentar nuestra experiencia. La supervisora tenía buena relación con un representante, habló con él y aseguró que no sería difícil apoyarnos económicamente. Parecía que todo estaba ya conseguido. Pero de repente, el representante cambió de opinión. Nos dijo que iba a ser imposible subvencionar nada. Pero también se le escapó algo que nos hizo pensar...

.-Lo siento mucho, de verdad, pero si os ayudo me busco un problema con el Jefe de Servicio.-  

        .- Y se fue reduciendo nuestro espacio. Teníamos asignado un gabinete aledaño a la Consulta de nuestro especialista y muy cerca de otro servicio al que se le quedó pequeño el espacio, por lo que solicitaron una nueva sala. La única posibilidad física quedaba al otro lado del pasillo y no querían un lugar tan lejano y desligado. Todas las miradas se centraron en nuestro gabinete. Ya se había iniciado el rumor de que las enfermeras no hacíamos nada allí salvo descansar y escondernos, solo hizo falta echar un poco más de leña y.... comenzó la guerra.

     La primera vez que solicitaron el espacio se les denegó. La razón era obvia. Nos apoyaba la Dirección y la Supervisora. Confiamos en que se defendiera nuestro esfuerzo y los resultados que estábamos dando. Elaboramos una memoria con los objetivos y las funciones de enfermería. Lo que hacíamos, cuándo, cómo, adjuntamos estadísticas, cronogramas, encuestas de satisfacción del usuario y todo documento que pensamos que reafirmaba lo que defendíamos. Solicitamos oficialmente una agenda y conseguimos que la memoria se firmara por todos los profesionales necesarios para hacer oficial nuestra consulta. Todos, excepto el Jefe de Servicio, que se negó.

         .- Hasta que consiguieron su objetivo: Reducir las responsabilidades de las enfermeras.
Empezaron a reducir drásticamente la indicación de tratamientos que precisaban de enfermería para su administración. Se redujeron las citas y se derivaron pacientes al médico de cabecera. Se redujo el volumen de trabajo. Todo cambió. Nos notificaron que nuestra consulta iba a desaparecer porque carecía de suficiente contenido.
      Aunque al principio contábamos con el apoyo del Gerente (médico), decidió no entrar en guerra. Apoyaría lo que decidiera la Dirección de Enfermería (que había cambiado recientemente). Solicitamos una reunión y expusimos a nuestras compañeras la situación. Su respuesta fue que nuestra versión cambiaba todo lo que pensaban, pero que ya no podían ayudarnos. Se habían comprometido con el Jefe de Servicio. Había que cerrar, aunque prometieron volver a abrir en el futuro
                                             
https://www.shutterstock.com/es/image-photo/woman-chained-her-working-desk-481545259
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          La consulta de enfermería, una consulta propia, con varios años de evolución, con agenda, con resultados satisfactorios demostrables, con objetivos cumplidos, hoy ha desaparecido.

         Seguimos atendiendo al paciente y esforzándonos en dar calidad. No tenemos espacio, ni tiempo, hemos vuelto a asumir las tareas de administrativos y ayudantes. No hay programa pero tampoco hemos perdido la ilusión.

      Las consultas de los facultativos han vuelto a crecer hasta casi duplicarse. Los pacientes acuden o llaman angustiados y se quejan porque quieren respuestas rápidas y ahora deben esperar. No saben a quién dirigir sus preguntas, han perdido el referente y se sienten peor tratados. Tienen que llamar ellos y esperar a ser atendidos, cruzar los dedos y desear que les den cita no demasiado tarde.

      Las enfermeras estamos decepcionadas, pero seguimos luchando día a día para recuperar ese espacio que tanto beneficio aporta al paciente, que descarga el trabajo de nuestros compañeros facultativos y que nos permite ejercer nuestra profesión asumiendo responsabilidades propias.

       Pero duele. Duele que nadie se sienta responsable, ni avergonzado por haber hecho desaparecer estúpidamente un trabajo, un programa, un servicio útil y de calidad por miedo e ignorancia. Por sentirse amenazado por otra categoría profesional que tiene su propio campo. Sólo por el placer de poder decir "Yo mando y vosotras me obedecéis"

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